“Serio retrato en la pared clarea
todavía. Nosotros divagamos.
En la tristeza del hogar golpea
el tic-tac del reloj. Todos callamos.”
Antonio Machado

El olor a especias al entrar en casa despertaba tu recuerdo y me embriagaba el alma de añoranza pero también de alegría. Seguías aquí. Parte de ti, parte de mí contigo.

Eran dos instantes al día, a la tarde, cuando regresaba del trabajo; el olfato se hacía a la soledad de nuevo, sin resistencia a otros aromas que formaban parte de la rutina, esclavos por los que no vivimos conscientemente, preocupados, pre-ocupados. Pre o post y nunca ahora. Y se hace tarde, y eso tarde a lo que no llegas relegándolo inalcanzable al futuro, se hace presente. Y deja de ser presente para ser culpa y arrepentimiento. Dos palabras que son lo mismo: Post o pre y nunca ahora.

Ya ves que hoy me he detenido más, he dejado vagar mi inconsciencia por reflexiones, navegar por ollas hirviendo de canela, clavo y jengibre y acabar en tu piel, blanca y fría, fría, fría…

El piso vacío. Vine a despedirme.

Ella, la que no llena tu hueco y sí tu lado de la cama, y sí tus sartenes, y sí mis ojos. No lo entendería. Y qué fácil me lo sirve, así, en su complejidad…este egoísta no quiere compartirte.

Sigh.

Sigh.

Sigh.

Sólo vine a despedirme.

Carolina Itsaso