Hola, tu privilegio de hoy es que sabrás cómo me llamo, pero yo no sabré tu nombre, sólo sé por lo que estás pasando, o al menos me puedo hacer una idea, una pequeña idea.

Me llamo Carolina Itsaso. Itsasoa en Euskera significa “el mar”, que es lo que he venido a traerte, un puñado de sal y brisa que arrastre tu dolor y lo lleve de vuelta al fondo de La Tierra, de donde nunca debió salir. ¿Sientes la humedad? Hunde los pies en la arena caliente y negra de esta playa volcánica. Las gaviotas vuelan alrededor. Las olas murmuran sobre ti antes de deshacerse en espuma. Dicen que todo va a ir bien.

Mis padres me pusieron Carolina como podrían haberme puesto cualquier otro nombre, a menudo mi madre me sorprende relatando la lista de espera de otros posibles candidatos que tenía; podría haber sido peor. Hasta hace poco me sentía orgullosa por tener de tocayo: un pueblo de Jaén (La Carolina), dos estados de Estados Unidos (Carolina del Norte y Carolina del sur), una princesa (Carolina de Mónaco), una canción de MClan, del Dúo Dinámico (“Oh Carol”), de Neil Diamond (“Sweet Caroline”), un grupo de música (Carolina Chocolate drops), un libro de Federico Moccia (“Carolina se enamora”) y muchas cosas más. Ahora me da igual. Ahora me conformo con ser, que no es poco, con darle forma a esta Carolina individual que irás conociendo a lo largo de esta misiva.

Estoy sola en casa. Se acaba de encender la impresora y ha hecho un intento de escupir tinta en un papel. No tengo ningún documento en cola, y aparte del portátil desde donde te escribo, no hay nada más encendido. No sé. ¿Tú te asustarías?

No estoy sola del todo, Letras, un gato negro, blanco, con alguna mancha parda y gris, que recogimos de la calle hace año y medio, está por aquí tirando todo lo que tiene a mano para que le haga caso. Pero ahora no es su momento. Es el tuyo. 

Jon, mi novio, se fue a trabajar esta mañana temprano. Está peleando porque le brinden la oportunidad de hacer teletrabajo. Es factible. Lo que no es factible es reconvertir la necedad de algunos humanos. He perdido toda fe. También la perdió Santiago Lorenzo un escritor que dio vida a “Los asquerosos”, un libro que disfruté el verano pasado y que me robó más de una carcajada. “J’adore la lecture”, amo leer. Este libro va acerca de Manuel, un hombre cualquiera, que acuchilla a un policía antidisturbios que quería pegarle. Huye. Se esconde en una aldea abandonada. Sobrevive de libros Austral, vegetales de los alrededores, una pequeña compra en el Lidl que le envía su tío. Y se da cuenta de que cuanto menos tiene, menos necesita. Para entender el título hay que leérselo entero 😉

Vivo en San Sebastián, pero nací en Extremadura. Y digo nací en lugar de “soy de” porque tengo el corazón hecho de retazos de muchos lugares. Me mudé hace tres años por amor. Por amor a un hombre y por amor al mar. Antes de San Sebastián pude disfrutar unos años de Barcelona, también de Madrid, de Fuerteventura… Me gusta mi nueva ciudad pero echo de menos la algarabía del sol. La luz naranja, amarilla… Hoy no llueve pero el pintor olvidó su calidez entre otros lienzos y aguarrás, y ha sumergido al día en claros y grises, aún siendo primavera. 

Me encantaría saber cuál es tu sitio favorito en el mundo. Seguro que estás pensando que ese lugar es donde quiera que estén los tuyos. Que ese es el verdadero hogar. También es el mío. Pronto podrás abrazarles. Pronto podrás escribirme. Me debes una carta. Y un privilegio.

Me levanté temprano hoy para recolectar toda la luz que pude y enviártela aquí, junto al mar, junto a todo el amor que cabe en su propia palabra.  Porque en el mundo no sólo hay “asquerosos” como los de Santiago, ni como con los que yo he perdido la fe.  La balanza se inclina para aquellos que cuidan de los demás, que reciben esta carta y la ponen voz. Se inclina para los que estamos al otro lado de la pantalla pensando en ti, luchando contigo.

Cuídate, por favor.

Un abrazo enorme.

Carolina Itsaso