“Queda prohibido no crear tu historia, 
no tener un momento para la gente que te necesita, 
no comprender que lo que la vida te da, 
también te lo quita…” Pablo Neruda

Desde hacía unos días el otoño se había convertido en mi estación. La primavera como telonera del verano siempre me había despertado ternura, hasta que murió mi abuela y se llevó todos los colores de las flores. Ya no necesito pasearme por una primavera en escala de grises. Cerrad el telón, por favor. El verano con más recuerdos aún, encerrado en la troje guardando polvo, guardando que alguien considerado regrese y lo rescate. No seré yo, no, ya no. Tanta felicidad en risas infantiles violadas, dando paso a un dolor adulto, lleno y vacío a la vez. Sólo contradicciones. Troje de contradicciones.

Refugiarme entre remolinos de hojas secas, ocres, naranjas, amarillos. En armarios sin naftalina, con ropa de entre tiempo, esa que escasea.

Soy una persona de las que se empeñan, sin filtro: en lo que cree justo, en lo que cree necesario, en lo que quiere, en lo que siente, y también en olmos que no dan peras. 

Y me empeñé en que su viaje no tenía nada que ver conmigo, si no lo pensaba, no sucedía. Hasta que las lágrimas arrasaran con el iris y se llevaran todo su azul y el brillo, y pincelar mis mejillas de acuarela.

Así después, el otoño.

 

Carolina Itsaso