“Toda la esencia de la gran Barcelona está en esta calle” (en la Rambla) Federico García Lorca

El templo de Augusto nos esperaba, pero cuando por fin alcanzamos la puerta abrigada por un laberinto de calles góticas, estaba cerrado.

Ya volveremos.

Hemos vivido una Barcelona revuelta, cegada. Todos pasamos por eso.

El Raval casi siempre huele a curry; delicioso el udón entre nuestra primera vez con palillos.

Tres veces de ida y vuelta por ese apetitoso escaparate de chocolate y crema casi nos convierte en clientes del año.

La Rambla sacudida por la codicia del ser humano. Hay que atravesarla para llegar a la catedral.

No es el mejor gofre que probaremos y no puedo parar de saborearlo porque ha sido contigo.

Quiero enseñarte la magia del Born y pasear tranquilos por Montjuic sin las prisas de un hotel de destino.

Las cañas que sirven en El Nacional me transportaron al París de los años 20 y me supieron a nervios y primeras veces.

Y fue ahí, en Plaza Cataluña donde mi voz pronunciaba tus buenos días.

Fue algo más lejos: un año después; viniste a buscarme. Y aunque tú digas que es un secuestro, bendigo el síndrome de Estocolmo.

 

La echo de menos.

Ya volveremos.

 

Carolina Itsaso