Nací viendo la vida de una manera peculiar y aunque, por ignorancia o costumbre, me empujaban a formar parte de una normalidad, mi naturaleza salía a flote creando una distorsión a mi alrededor.

Pero claro, las circunstancias, empeñadas en que encajase, hicieron de mí alguien sin identidad, sumergida en una vorágine de conflictos no sólo conmigo misma, sino con los demás.

La liga de la justicia con Carolina a la cabeza, luchaba por su honor, si bien a veces ese honor era una causa que tenía interiorizada pero sin conocer su nombre.

¿Qué me pasa? ¿Por qué me pregunto continuamente cómo se comportarían los demás en determinadas situaciones para actuar igual? ¿Por qué dudo de lo que siento? ¿Por qué esa necesidad de enfrentamiento?¿A qué viene esa inseguridad?

Porque el maestro me compara con otra compañera de clase y me dice que es mejor que yo. ¿Cómo se pueden comparar personas si todas somos diferentes?

Porque tengo que estudiar una carrera universitaria para ser alguien. ¿La profesión es la que me define?

Porque tengo que ver las noticias para estar informada. ¿Esa información me hará crecer, reflexionar, ver el mundo desde una perspectiva optimista?

Porque tengo que compartir postre en una comida cuando a mí me encanta disfrutar de uno entero y sin que nadie meta la cuchara. ¿Seré una egoísta?

Porque tengo que aguantar a mi jefa aunque sea una tirana para no quedarme sin trabajo. ¿No hay más alternativas?

Porque tienes que comer carne, somos carnívoros. Mi prima era vegana y siempre estaba con problemas de salud. Tan vegana, tan vegana no eres que te he visto comer carne. Las plantas también tienen sentimientos. ¿Tienen que controlar todos mis movimientos? ¿Seré una ficha de ajedrez? O es que ¿son gilipollas? Perdón. Ira, a tu sitio. Están aprendiendo, como tú.

Porque si no te partes el lomo trabajando eres una vaga. Lo olvidaba, el ocio es pecado.

Porque no confío en mí. Tranquila, poco a poco. Encontrarás las herramientas.

Porque tengo que coger esa ola cuando me apetece estar flotando, sintiendo el agua en mis piernas, la brisa en mi rostro húmedo, el horizonte en mis pupilas.

Porque tienes que ser la mejor. Yo solo quiero participar…

Porque antes estabas muy delgada y no era sano. Porque ahora has cogido unos kilillos de más ¿estás embarazada? Ja ja ja. No, pero tengo un hijo, se llama Letras.

Porque lo digo yo y punto. Pues no, no lo dices tú, lo digo yo y si insistes te abraso con mi ira.

Soy directa. Haciendo y diciendo lo que quiero, contra viento y marea. He volado sin pensármelo. También he dictado sentencias.

El coste hasta que aprendí que no tenía que defender mi libertad, porque es mía, innata, fue de una pila enorme e insana de disgustos.

El coste hasta que aprendí que no soy yo la que no encaja, si no que es la sociedad la que no encaja en mí, llenó la cuenta bancaria de los ladrones de energía. Pero engordó mi autoestima.

He sido cruel, he sido amable. He sido. He sido. He sido. Eso es, he sido. Hoy soy yo, soy Carolina. Soy la misma, pero ya no muerdo, o muerdo solo un poquito. Salgo antes de los agujeros en los que caigo. No me falto al respeto.

No es necesario que vengan a decirme que no soy normal, ya lo sé. ¿Desde cuándo? Desde que me dieron un azote en el culo y abrí los ojos por primera vez.