“Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran” José Saramago

Tengo más cartas por si quieres leerlas. A veces cuando escribo imagino que toco el piano y que cada palabra se une con otra en una melodía que suena, si bien o mal, dímelo tú. De eso trata mi fe, sumisa a tus juicios y al látigo de tu voz. Ciega. Hoy estoy triste. No suele ser mi estado natural. Es tormentoso. Sé el aspecto que tiene un huracán, alguna vez lo vi por televisión, también un tsunami. Y ahora sin verlos, puedo sentir su devastación dentro de mí. No se lo llevan todo. Qué cruel. Dibujo dos volcanes azules arrojando lágrimas vacías y un pentagrama de notas graves para mi piano.-¿De verdad me escuchaste cuando te dije que quería una vida fácil? Se aleja. Hace tiempo ya que no me escucha. A mi lienzo no le va bien la oscuridad de tu indiferencia, las frases sin terminar, las conversaciones pendientes, los besos perdidos. No le va bien el silencio, porque paradójicamente ese silencio presenta un ruido siniestro. El tsunami me trata como tú, no arrasa del todo, me deja incompleta. Terminadme, por favor, sin vida o con amor. Grito. Pero ya no me escucha. Hace tiempo que dejó de hacerlo.

Carolina Itsaso