“Y esta isla, esta venturosa isla de Fuerteventura, este afortunado rincón de enjuto sosiego, esta… ¡vaya si existe!…Existe y tiene su estilo, el estilo de la desnudez, el estilo de la sinceridad toda ella. Aquí no hay embuste ni ficción.” Miguel de Unamuno.

Ventanas, ruinas y recovecos, contrastes de azul y negro, ocre y azul. Ya verás que esta isla no tiene nada, el paisaje es árido, no hay árboles, pero te gustará. Dejé que cargase el equipaje en el todoterreno y me acomodé en el asiento delantero. Había madrugado mucho para coger ese vuelo y aún me costaba salir del estado de letargo, resaca del sueño… Era cierto, no había árboles, en su gama de pantones se habían olvidado incluir el verde. Montañas y volcanes amenazados, flotando sucumbidos y expectantes, fundidos en un horizonte de playas salvajes al oeste y playas calmas y cristalinas al este. Si fuese una mujer no sería delicada, te enmarañaría el pelo con un solo aliento, tendría las manos ásperas, calima del desierto, tendría la voz grave y la piel seca. Si fuese una mujer, sería cálida, condescendiente, comprensiva, maternal. Y sin serlo, desde el primer momento, supe que jamás podría dejar de amarla.

Carolina Itsaso