” …suave es el sueño bajo esa sombra del árbol, en el verano tranquilo” Fernando Pessoa

Cierra los ojos. Vuelve conmigo a aquel atardecer. ¿Sientes la humedad del mar? Los pies hundidos en la arena caliente y negra de Ajuy. Las olas murmuran sobre nosotros. Sólo quiero un abrazo cálido, vencerme a la gravedad de tu cuerpo. Fundirnos hasta el sol naciente. Las olas mecen tu mente en el horizonte. Así fue siempre. Yo aquí, tú tan lejos… Cierra los ojos. Vuelve conmigo. Cuando le conocí solo era alguien que me intimidaba si apenas era consciente de que estaba, mi mente vagaba melancólica, casi continuamente, buscando recuerdos con otro. A veces intercambiábamos unas palabras, pocas, un día fue conversación, y al siguiente una sonrisa me alertó de que me gustaba. Él. Él desafiaba a la gente sacando lo mejor de cada uno. Algo más de 30 días, 37. Sintiendo algo tan real aunque distante, tan diferente que creía volar con cada pedaleo del trabajo a casa. Disfrutaba del camino. El camino era una intensidad de ilusión y felicidad, aunque ansiaba el momento de rendirme a su voz haciendo eco a 3000 km. Tenía una bondad de Perú hasta regresar a Perú, dando una vuelta completa a la Tierra. Y ni a un centímetro, piel con piel, fue mío. Jamás. No fue mío y era para mí. Fue para mí durante ese tiempo. Otro hilo rojo más, desenredado, que aparecía en mi destino para guiarme por él. Y él que desafiaba a la gente, me empujó con delicadeza a un desafío con mi alma. Ahora cierra los ojos, vuela.

Carolina Itsaso