Carolina Itsaso

Carolina Itsaso

Casada. Con la vida. Hasta que la muerte nos separe.

Mi historia

Nací en el oeste peninsular, pero no lo suficiente para tener la piel escarchada en salitre.  Sin el mar cerca me siento encerrada, el instinto de mis ojos azules me lleva hacia las olas; necesitan estar con los suyos, en este mundo donde el color significa tanto, y no puedo impedírselo. Ahora vivo en el norte, en San Sebastián, nire Donostia maitea.

Si alguna vez me ves bostezando es porque hace poco desperté de un largo letargo de ignorancia y conformismo. Al contemplarme en el espejo solo veía un ser confuso, que había ido tirando del hilo equivocado unas veces y otras se había dejado tejer por la oleada de los demás. Sentía una descomposición interior con el anodino guion de mi vida, lleno de prejuicios, perjuicios, bilis. La desorientación es un mal que se propaga muy rápido en esta sociedad. Un mal que cura. Cura el sometimiento y deja paso a la rebelión.

Aún estoy en la línea de separación de lo que soy, de lo que sé y de lo que quiero ser, pero ya no estoy dormida, atontada, inconsciente. Disfruto de cada proceso, cada palabra, cada persona. Ya no odio, amo. Amo exageradamente, como casi todo lo que hago. Y digo.

Y mientras que en algunas ocasiones me quitaría la gravedad, como aquel jersey que sobra en un día soleado, y me dejaría absorber por el universo, en otras ocasiones escribo. Porque tengo más que callar que escribir, por eso guardo silencio como gesto de generosidad y utilizo el papel, más elegante, para imprimir lo que pienso.

Pero no sólo escribo lo que pienso, escribo historias, de las que estamos llenos, lo que somos. Somos libros esperando a que nos lean.

Así que hoy, dependiendo de cómo transcurra el día, dejaré la gravedad colgada en una percha o escribiré tu historia hasta que el sol se ponga.

 

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