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Al despertar el sol, veo a los marineros alejarse hasta alcanzar el horizonte para sus puestos de vigía. Rostros envejecidos con determinación que aguardan por si necios o malvados viniesen a romper la calma de la isla. Sólo dejan pasar el viento, dicen que arrastra los malos pensamientos y pinta las playas cristalinas de arena del desierto, regalando a sus habitantes definidos escenarios de contrastes.